[ TIRAD SOBRE EL PIANISTA ]

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ARRASTRARÁS ESE PESO

Ayer, porque en esta vida casi todo es posible, entraba yo -inmaculado blanco-, emocionado y orgulloso, por la puerta 26 del estadio Vicente Calderón, muy cerca del museo rojiblanco, ese que aún carece de la gama de copas orejonas. No me llevó allí, al Calderón, ninguna arenga cholera, ninguna invitación cereza;  lo hizo la voz uno de los dos Beatles supervivientes, Paul McCartney, ese que, a un paso de los 74, mantiene la energía suficiente como para cantar casi tres horas consecutivas y arrastrar a fieles seguidores como yo hasta el mismísimo fin del mundo… aunque la voz no sea ya aquella que, junto a la de sus amigos de Liverpool, hizo que un grupo de cubanos, también amigos, oyentes cuasi clandestinos, y ahora desperdigados por el mundo, se hiciesen beatlemánicos para toda la vida.

A mi alrededor, en las gradas, en el césped ahora cubierto de un protector azul, la mayor parte eran veteranos como yo, gentes cuyos ojos parecían recobrar el brillo de los buenos viejos tiempos gracias a ese milagrosa mezcla de música y recuerdos redecorados por los años. Y a pesar de que el gran Paul iba también a vender su producto actual, eran los Beatles, todos en uno,  los que estaban presentes todo el tiempo. Emocionantes los homenajes a  John y a George, sobre todo el de este último, con una doble versión de la inmarcesible “Something”, la primera con un solo de McCartney a ukelele puro, perfectamente ensamblado luego con una segunda, celestial, con la banda completa. Me conmovieron, una vez más, las de siempre: “Here, There and Everywhere”, “Let it Be”, “Yesterday”, y un largo etcétera que incluyó, con significativa anécdota, “Back in the U.S.S.R”. Mientras escuchaba, tranquilo, sin moverme, sin aplaudir, sin gritar; mientras veía a viejos amigos reconocerse y saludarse en las gradas, no podía evitar recordar a los míos, aquellos que nunca podremos ver juntos un concierto como este porque la implacable y ahora casi bendecida tiranía de los Castro nos separó para siempre. Y me recordé, inmisericorde conmigo mismo, que ahora, de nuevo, el peligro de los totalitarios me acechaba otra vez, gracias, sobre todo, a los idiotas que se dejan engañar por los miserables papas del populismo más rancio y retrógrado. 

Ví una bandera cubana muy cerca del escenario. Me habría gustado poder acercarme para saludar a quienes la llevaban, para saber cómo habían llegado hasta aquí, pero era imposible. Paul, sin embargo, hacia al final del concierto hizo algo que la gran mayoría de los que allí estábamos –y los largos y persistentes aplausos lo demostraron- agradecimos: sacar una enorme bandera de España y pasearla, junto a una de la Gran Bretaña, por todo el escenario. Sí que había españoles en el Calderón: blancos, rojiblancos y –al seguro- azulgranas, y tendrán que ser esos, los que están orgullosos de su bandera, los que la defiendan de los secesionistas y los totalitarios, ahora coyunturalmente aliados para lograr sus dispares objetivos.

La actuación terminó de la mejor manera posible con el medley “Golden Slumbers”/”Carry That Weight”/”The End”, todas originalmente cantadas y compuestas por Paul McCartney. Fue magistral, un justo colofón a un concierto inolvidable. Fueron, sin embargo, estas dos estrofas las que marcaron, para mí, el concierto: “Boy you''re gonna carry that weight, carry that weight for a long time…”. Ese es el mismo peso que ahora llevan, para siempre, los venezolanos errantes que apoyaron, inicialmente, a Chávez creyendo en sus infundadas promesas; el que llevan los cubanos, gran parte ahora en Miami y otras ciudades del mundo, que compraron el falso mensaje de Fidel Castro. Y es el mismo que llevarán los que, simplemente por idiotas e ignorantes, voten el 26 de junio a los totalitarios de Podemos. Para esos, que sólo aspiran a vivir bien, simplemente un sano consejo: recordad cómo viven los venezolanos; recordad cómo viven los cubanos.

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[ pezuco ] ha dicho:
04-06-2016

 

Yo voy a hacer de abogado del diablo, y aunque sólo sea por fastidiar al blogger, diré que Paul está un poco mayor para tanto concierto y debería centrar su talento, que es mucho, en la composición de bonitas canciones.

Hace poco le leí al exbeatle unas declaraciones en el sentido de haber sufrido una gran depresión cuando se disolvió el inigualable cuarterto de Liverpool, le dio demasiado a la botella, quizá porque no sabía qué hacer con su vida. Me parecieron unas palabras sinceras, y sólo la ayuda de su exmujer pudo sacarle del pozo donde estaba metido. Se confirma una vez más que los genios también son humanos.

 

P.D. Lo de la bandera de España queda muy bonito, pero creo que es más efectista, para hacer la pelota a un público que ya tiene entregado desde hace muchos años que otra cosa. A ver si la saca en Barcelona o Bilbao..."Esos cojones en Despeñaperros, Paul".

 

[ bipo66 ] ha dicho:
04-06-2016

Estuve en el Calderón el jueves. Como dice el blogger, un sesentón como servidor no puede faltar a una convocatoria como esta, y en mi ciudad. 

La calidad del espectáculo fue más que buena, aunque era esperada. Lo que me alegró fue el sano aire español que se respiraba en todo el estadio y que encendió el propio McCartney, nada más comenzar con un, "¿Qué pasa, troncos?" y remató con la bandera española.

Noche perfecta en el Calderón, como si hubiese ganado el Real Madrid en el Bernabéu.

Eso sí, Paul, la próxima vez, en nuestro estadio.

 

[ bg_rules ] ha dicho:
03-06-2016

Al leer las palabras del blogger "aunque la voz no sea ya aquella que, junto a la de sus amigos de Liverpool, hizo que un grupo de cubanos, también amigos, oyentes cuasi clandestinos, y ahora desperdigados por el mundo", uno realmente se estremece con sólo pensar cómo el capricho totalitario de un puñado de indeseables iluminados mesiánicos ha determinado, y determina, la vida de tantas personas, la cuales se han visto obligadas a modificar sus trayectorias vitales porque cuatro hijos de perra con el poder de la violencia así lo han decidido. Los totalitarios y sus totalitarismos no se paran en nada, porque valoran los derechos individuales exactamente como cero. Se creen con derecho a disponer de las vidas de todos los demás a su capricho porque su asquerosa verdad impositiva está por encima de todos, y en los tiempos modernos, además, lo envuelven adecuadamente en un celofán de atractivas mentiras y manipulaciones de manera que hoy, al contrario que ocurría en los absolutismos siglos atrás, en los que todo el mundo sabía el papel que jugaba y quién era vasallo y quién era señor, una buena parte de la población es manipulada y por propia iniciativa se convierte en rebaño voluntario, y voluntariamente emprende el camino del matadero, sumando al horror de la opresión absolutista el engaño falaz de unos y la infinita estupidez de los otros. Son esos idiotas de los que habla el blogger, que no conocen la historia y, si la conocen, son tan estúpidos para obviarla. Que alguien tenga que esconderse para disfrutar de algo como lo que hace Paul McCartney resume tan plásticamente la maldad de esos regímenes comunistas y de quienes los imponen que hasta el más estúpido de esos idiotas que se los tragan se debería dar cuenta de lo que nos jugamos actualmente en España con la basura que amenaza con caernos encima.

Enorme acierto haber sacado a colación ambos asuntos, arte y maldad, con cuyo contraste se nos ilustra y se nos avisa de la amenaza infernal que nos acecha. Gracias al blogger.

[ NickAdams ] ha dicho:
03-06-2016

wh, yo soy más de los Stones, aunque reconozco que me ha afectado que fueran a lamérsela a los Castro vía Obama.

No sé si sería mucho pedir que los engañados (porque hay otros, muchos también, y lo estamos viendo en los ayuntamientos en los que gobiernan, que vienen a rapiñar todo lo que puedan hasta que, como en Venezuela, se acabe) se enteren por fin  de qué va cosa, reaccionen y no le den su voto a estos mierdas que vienen a hundirnos en la más absoluta miseria.