[ TIRAD SOBRE EL PIANISTA ]

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GANO MOU, GANO EL MEJOR

Quiero pensar que éramos muchos los madridistas-mourinhistas que estábamos deseando que el Chelsea de Mou apeara de la Champions al Oporto de Casillas que, no lo olvidemos, fue antes de Mou. La experiencia nos dice que la vida transcurre por ciclos y que la suerte, la buena, puede desaparecer por un tiempo, pero siempre regresa si uno tiene paciencia y firmeza para esperar su vuelta. Y eso fue, precisamente, lo que ocurrió, ayer, en el minuto 12 de partido: Casillas rechaza un disparo a bocajarro de Diego Costa, con tal precisión, que impacta luego en el defensa Marcano, que venía en su ayuda, y se va directo a puerta, a pesar del heroico esfuerzo de Maicon por impedirlo. La suerte estaba echada y, por primera vez en mucho tiempo, sonreía a Mourinho. 

Pero el partido todavía tenía mucho por decir: en el 18, penalti no pitado a Oscar por Cakir, ese árbitro turco al que tan bien conocemos; en el 19, para desgracia del señor Marqués, rifirrafe entre Costa y Casillas -¿se estará jugando Costa su permanencia en la selección? Lo digo porque ya sabemos, por experiencia, a quien quiere más el rojo de La Roja-; en el 28, pared de Oscar con William, en los dominios casillescos, que mereció ser el segundo de los blues; en el 45, disparo de Costa, que no tuvo su noche -a este la suerte le sigue dando la espalda-, que desvía Casillas.

En el descanso, Lopegui, que no veía las cosas con optimismo, y Mou, que estaría pensando en que había que asegurar el resultado -pues una victoria daría mucha moral un equipo necesitado de esta, como el Chelsea-, deben de haber intentado elevar al máximo los niveles de motivación porque ambos equipos salieron más activos que en el primer tiempo: a Casillas, William intentó fusilarlo, sin éxito, en el 47; Courtois, que había estado de vacaciones durante casi todo el primer tiempo, le llegó trabajo, casi de inmediato, en el segundo, sobre todo, por las acciones del argelino Braimi, sin dudas, el mejor del Oporto durante todo el partido. No obstante, y a pesar de que el Oporto ganó finalmente el inútil premio de consolación que se llama “posesión”, las mejores y más claras oportunidades fueron  para los asalariados de Abramóvich, que celebró con ganas el gol de William, el que sentenció el partido y, también,  al portero del Oporto,  en el minuto 7. En mi opinión, aunque el -por fortuna, y a cambio de una fortuna- exguardameta blanco se estiró con fuerza intentando cubrir el palo corto, lo hizo tarde, y anoto el gol azul en su cuenta de fallos. A partir de ahí, Lopetegui tocó a rebato, hizo un par de cambios ofensivos, se abrió el partido –cosa que le venía de perlas al Chelsea- y se sucedieron las oportunidades para ambos equipos, aunque las más claras -palo de Hazard incluido- fueron para los de Mou. Sin embargo, el marcador no cambió y, con el dos-cero, terminó un partido que permitía mantener la racha de Mou en Champions y truncaba la de Casillas que -¡qué grande Mou!-, ahora, tiene el camino expedito para intentar levantar una nueva copa, la de la Europa League.

Para mí, mourinhista confeso, lo mejor de la noche, sin embargo, no ocurrió en el campo sino en las gradas de Stamford Bridge a mediados de la segunda parte : oír a las aficiones del Oporto y el Chelsea, enemigas de una noche, unirse para corear el nombre de José Mourinho no creo que tenga precedente alguno en la historia del fútbol. Debería bastar algo como eso para reconocer, al menos, que el de Setúbal es, justamente, The Special One, un entrenador capaz de conectar, como ningún otro, con los que soportan y hacen grandes a los clubes, sus aficionados, que -como ocurre, por ejemplo, en el Real Madrid- son ninguneados e ignorados por gran parte de mandamases del mundo del fútbol. Y, además, un mensaje claro –que, por supuesto, ignorarán- para la podrida prensa deportiva española. Sólo por pensar en cuánto pudo molestar un hecho como ese a  la jauría mediática de Relaños, Valdanos, Segurolos o Caridades –por sólo citar a unos pocos-, quien esto escribe durmió a pierna suelta la pasada noche.

COMENTARIOS [0]
[ chinchin ] ha dicho:
10-12-2015

Pues ya somos tres los que dormimos felices...y eso que no vi el partido y nada sabía de lo de las dos aficiones aclamando a Mou. Me bastó el resultado y saber que el Topo estaba fuera.

Y aquí, en nuestro Bernabéu, el presidente que no supo defenderle, prohibiendo bufandas de apoyo a Mourinho. Si es que por doquiera que uno mire encontrará un motivo para que Flóper deje de ser presidente del Madrid.

A ver quien cree que Abramovich, que no es tonto y es el que pone el pastizal de su bolsillo, quiere echar a Mou. Eso sólo pasa en un club donde el presidente tiene miedo que el ataquen por el flanco que más le duele, el de ACS.

[ pezuco ] ha dicho:
10-12-2015

 

Pues ya era hora que los madridistas sin disfraz nos lleváramos un alegrón, porque lo que se lleva ahora en el RM es el circo flojentimiano, para vergüenza, desvergüenza más bien, del madridismo.

Que Mou es grande, muy grande o excelso ya lo sabíamos, que anoche se tomara justa revancha de quien un día conspiró contra él es una justicia para el deporte del fútbol. 

Lo más curioso del tema es que el Oporto fracasa en Champions después del gran campeonato que disputó la temporada pasada sin el topo traidor. Y para más inry, visto los goles del Chelsea, dicho espantapájaros de portería estuvo en su penoso nivel, suponemos que la culpa será del cha cha chá.

No pude ver el partido, anduve pescando algún maganuco para agradar las celebraciones navideñas, pero siempre hay algún entrañable amigo que me mantiene al día mediante Whatsapps, se agradecen siempre esas alegrías.

Y sí, las declaraciones de Mou en el sentido de que el topo traidor puede ganar el trofeo que le falta son de un nivelazo incalculable, ¿Se puede decir tanto con tan pocas palabras?.

 

P.D. Lo de la canallesca escondiendo el ridículo del topo es memorable, gracias Mou, hemos vuelto a comprobar que la siguen teniendo muy adentro.

 

[ Marcus48 ] ha dicho:
10-12-2015

Amigo "wh", totalmente de acuerdo con tu comentario. Ya somos dos los que nos dormimos -un vez visto cómo Pedrdrol ponía en su sitio a muchos, con una sonrisa en los labios. Un saludo muy afectuoso.