[ TIRAD SOBRE EL PIANISTA ]

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ANGIE Y LAS JAURIAS

Mis mujeres de Cine- 5.

La memoria, a veces insoportablemente traviesa, no me deja recordar si en un país en que no se respetaban los tan llevados y traídos derechos de autor, la Cuba castrista,  vi primero a Angie Dickinson en “A Quemarropa” - donde interpreta a la adorable cuñada del vengativo Lee Marvin – o en “La Jauría Humana”, donde era la honesta y delicada mujer del incorruptible sheriff Calder (Marlon Brando).  Voy a suponer que, por razones de producción –la primera es de 1967 y la segunda de 1966-, conocí primero a Ruby Calder. Eso sí, a las dos, a Ruby y a Chris las vi en blanco y negro, pues la piratería oficial cubana no se permitía el lujo del color.

Angie, creo recordar, fue un descubrimiento cinematográfico de Howard Hawks, que también, para suerte de Bogart, se anotó el de Lauren Bacall en “Tener y no Tener”- ¡vaya ojo clínico el de Hawks, amigos! -.  John Wayne, centrado en su disputa con los Burdette y en controlar las borracheras de Dean Martin, no tenía tiempo para posar sus ojos en la provocativa Angie, cantante de pacotilla, pero seductora de primera clase, en la ya clásica “Río Bravo”. También yo, entonces, estaba más pendiente de las peleas  y, como Wayne, pensaba que eran una pérdida de tiempo las escenitas con la guapa rubia. Más tiros y más golpes era lo que pedía el cuerpo a esas edades tempranas. Luego, las prioridades fueron cambiando y  cuando me tocó conocer a Ruby y a Chris, las dos antes mencionadas,  no podía apartar los ojos de la pantalla cuando ellas aparecían. De hecho, me pareció que debieron tener una participación más activa en la trama de ambos films. En “La Jauría Humana”, por suerte, estaban Janice Rules, la descocada esposa de un cornudo interpretado por Robert Duvall y una joven Jane Fonda, compartida por Redford y Edward Fox.

“La Jauría Humana” se vio en Cuba a comienzos de los 70s. No recuerdo que se estrenara en los cines comerciales, fue más de selectos programas de televisión y de los llamados “cines de ensayo”.  La película es dura, y tiene unos niveles de actuación muy buenos, con la única excepción de Redford que representó al presidiario mejor peinado de toda  Norteamérica. Fue lo único que no me gustó de la película. La relación entre Angie y Brando, el sheriff insobornable,  es modélica. La escena en la que, invitados a una fiesta que da el magnate del pueblo (E.G. Marshall), Brando la obliga a cambiarse el precioso vestido que ella, guapísima, le exhibe -regalo nada inocente del mismo  Marshall-, por uno mucho más modesto, pero que ha comprado él mismo, debía ser puesto como ejemplo a todos los cargos públicos del corrupto país en que vivimos. Y también la escena, ya en la fiesta, en la que el propio Marshall le pregunta a Angie por qué no lleva puesto su regalo. Brando, en ambas situaciones, no deja margen a dudas: a él no lo compra ni quien lo ha nombrado.  

Angie,  luego de estas dos notables películas, trabajó más para la televisión – desgraciadamente para mí – que para el cine. Sin embargo, muchos años después de sus fechas de estreno, pude disfrutarla en otras dos películas: “Vestida para Matar” y “Mi querido Profesor”.  Su personaje de Kate Miller – en la primera de ellas-, una guapa señora con problemas y fantasías sexuales a la que asesinan con demasiada prisa,  es inolvidable, como también lo es la escena donde la exquisita profesora Miss Betty Smith seduce a un estudiante, virgen, en el bodrio del francés Roger Vadim sobre un profesor, ligón y asesino, interpretado por un poco creíble – por lo de conquistador de alumnas – Rock “Soft” Hudson.  Estas cinco películas, por razones bastante diferentes, configuran mi top five de la Dickinson, pero si tengo que elegir una  me quedo con la enamorada y sencilla Ruby Calder. Sentí más envidia de la forma en que miraba a Brando que cuando me enteré de su fugaz encuentro con JFK. Precisamente el asesinato de Lee Harvey Oswald a manos de Jack Ruby  tiene muchos puntos de contacto con el  de Redford/Reeves en “La Jauría Humana”. Cuando vi la película pensé que, aunque la situación que conduce al asesinato de Reeves resulta creíble,  era difícil que una situación así pudiese reproducirse en la vida real. Era entonces,  creo que queda claro, un muchacho ingenuo.

Sólo unos pocos años más tarde viví, desde la primera fila, los ataques de las jaurías rojas a los que decidieron abandonar Cuba luego de los incidentes que condujeron al masivo éxodo del Mariel en 1980. Vi golpear e insultar a gentes por el sólo hecho de decir abiertamente que querían abandonar el país. Visité a amigos escondidos en los lugares más increíbles para evitar lo que estos maestros del eufemismo – que en eso la izquierda sí que es efectiva – llamaba “Actos de Repudio”. Pocos escapaban a estas hordas de perros amaestrados: vi golpear a médicos por quiénes habían sido pacientes otrora agradecidos;  a falsos homosexuales que habían decidido salir de un falso armario para poder escapar de un infierno real; a trabajadores y estudiantes por quienes sólo unas horas antes habían sido sus compañeros de faena. No olvidaré jamás esas escenas que dejaban en casi nada a las del film de Arthur Penn. No olvidaré jamás ni a las víctimas ni a los perros de presa del régimen que las vejaron. Ni tampoco a los que estaban detrás, dirigiendo y promoviendo una jugada que etiquetaron, por supuesto, como espontánea indignación ciudadana hacia los “traidores”: los abuelos y tíos políticos de los engañabobos de Podemos.  

COMENTARIOS [0]
[ Galego49 ] ha dicho:
21-10-2014

Estimado WH, me parece fantástico el resumen que haces del mundo del cine y de las películas que dejan huella a lo largo de nuestras vidas. Algunas de las que citas las tengo ya casi olvidadas, pero aprovechando el recordatorio, espero poder volver a verlas de nuevo. También me encanta como relatas tus vivencias en Cuba en tus años mozos y te animo a escribir y relatar todas tus experiencias de esos años que viviste bajo la opresión y dictadura de los Castro.

[ bg_rules ] ha dicho:
21-10-2014

La Jauría humana, junto con Deliverance, fueron dos de las películas que más me impactaron en mi juventud. Ambas son de una violencia intensísima, aunque con ritmos diferentes y en ambientes muy distintos. La jauría es un crescendo continuo hasta la explosión final, mientras que en Deliverance hay una tensión mantenida. Además, la primera es una de ese puñado de películas desarrolladas en el sur de los USA donde el ambiente, la estética y sobre todo el calor pegajoso se transmiten al espectador  través de las imágenes, contribuyendo todo ello a que la tensión aumente aún más. Un tranvía llamado deseo. La gata sobre el tejado de zinc, En el calor de la noche, Fuego en el cuerpo, Arde Mississippi... todas ellas películas donde se encuentran escenas en las que algún pañuelo limpiando el cuello sudoroso de algún personaje se convierte en el preludio que anuncia una explosión de violencia.

La Jauría humana es, además, una película muy recomendable en estos tiempos donde la integridad y los principios brillan por su ausencia. De obligada visión, sin duda. Gran elección del blogger.

[ pezuco ] ha dicho:
21-10-2014

 

En España la jauría de perros rabiosos la vimos fuera del cine. Se dio contra un entrenador portugués que cuando aterrizó en Madrid se le ocurrió decir que es un tío de principios, de derechas y católico. Lo que vivió él y su familia aquí no creo que lo haya sufrido el peor violador homicida de la historia, con la complicidad del RM, que siempre cayó y tragó con la infamia.

Sobre las películas que se mencionan en el artículo, a pesar de mi desmemoria, recuerdo perfectamente la de Mr Brando, y me gustó. También creo que hoy en día, en España no se entendería bien. No es normal que la gente se muestre insobornable, o que mantenga sus principios, de hecho ya no se ve por ningún sitio.

Y sobre la mujer de Brando en esa película, la recuerdo tiempo después, yo nací en el 71, en una serie de tv, pero de tipo comedia.