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JUEVES 9, MASTERS DE AUGUSTA

Mañana jueves empieza el Masters de Augusta, el único “grande” (major, para los angloparlantes) que se juega siempre en el mismo campo. Y todo el mundo, sepa o no de golf, entorna la mirada o aguza el oído para ver qué pasa en el Masters. ¿Por qué el encanto de este torneo? ¿Por qué es tan atractivo y prestigioso? ¿Qué tiene Augusta National para que todos los grandes jugadores vivan una historia de amor con él? Los golfistas americanos quieren ganar su campeonato nacional, el US Open. Los británicos quieren ganar el British Open, por la misma razón. Pero todo el mundo quiere ganar el Masters. ¿Por qué?

El Augusta National Golf Club fue fundado por Clifford Roberts, socio capitalista neoyorquino, y Robert Tyre Jones, Jr. Bobby Jones, como era universalmente conocido (aunque sus allegados siempre le llamaron Bob), es una de las figuras más destacadas en la definición del deporte que hoy vemos y disfrutamos: caballerosidad, respeto por las reglas, aun injustas, deportividad, compañerismo… Se podría escribir un tratado sobre la vida de Jones, sus citas y sus logros. Fue amateur toda su vida y el primero en conseguir el Grand Slam (ganar los cuatro grandes el mismo año, que en su época eran el US Open y el British Open, tanto amateur como profesional). Su modo de ganarse la vida fue el Derecho (era abogado) y se retiró del golf ¡con 28 años! Luchó en la Segunda Guerra Mundial, donde llegó a alcanzar el empleo de Teniente Coronel, participó en el desembarco de Normandía e incluso permitió que el ganado pastara en su campo de golf durante los años de la guerra.

Bobby Jones fundó el Augusta National Golf Club en 1933, para poder disfrutar del golf tranquilamente con sus amigos, huyendo de la popularidad que le perseguía y agobiaba. Eligió para ello la pequeña ciudad de Augusta, cerca de Atlanta, Georgia (uno de los estados más bellos de la Unión) porque su mujer era de ahí. El campo fue diseñado por el maestro Alistair MacKenzie y el propio Jones, y la primera edición del torneo que hoy conocemos como Masters Tournament, llamado entonces Augusta National Invitational, se jugó en 1934. Fue un éxito rotundo, puesto que la sola presencia de Bobby Jones generó un gran poder de convocatoria. Todos los grandes golfistas de la época participaron: Walter Hagen, Gene Sarazen, Craig Wood o el ganador Horton Smith, que se embolsó la bonita cifra de… 5.000 dólares. Bob acabó a diez golpes del campeón. 

El Masters Tournament ha evolucionado desde aquellos primeros años, pero la esencia del torneo continúa siendo la misma: tradición. A pesar de las recientes ampliaciones, el campo mantiene el espíritu del diseño de Bobby Jones. No es de los recorridos más largos del Circuito, y los grandes pegadores pueden llegar al green de los pares 5 en dos golpes sin dificultad. Sin embargo, los greens son endiablados, con la atracción magnética de Rae Creek, el arroyo que fluye al este del campo, como un elemento importantísimo a la hora de leerlos. En la mente de cualquier aficionado al golf resuenan los nombres de Amen Corner, donde confluyen los hoyos 11, 12 y 13 con vientos impredecibles (y que da nombre a este rincón donde ahora nos encontramos); Eisenhower Tree, en el hoyo 17, llamado así por la cantidad de veces que el Presidente Dwight Eisenhower, miembro del club, mandaba ahí la bola (incluso pidió cortarlo); Magnolia Lane, que es la avenida de entrada al club; el “nido del cuervo” (The Crow’s Nest), que es donde se alojan los jugadores amateurs (Bobby Jones una vez más); los puentes de Hogan, Nelson y Sarazen, en los hoyos 12, 13 y 15, respectivamente; los aullidos de los “patrons” (en Augusta no hay “fans” o “gallery”) cuando cualquier jugador emboca un putt o se saca un buen golpe, o su silencio cuando el jugador se prepara para darle a la bola. 

Asimismo, todo el mundo recuerda el increíble chip de Tiger Woods en el hoyo 16 del Masters de 2005, cuando la bola entró “llorando” en el agujero e incluso mostrando el logo de Nike en la última media vuelta, para regocijo de los publicitarios de la firma; el putt de Jack Nicklaus, el más grande, en el hoyo 17 del Masters de 1986 y el “Yes, sir!!” de Verne Lundquist en la tele, antes de ganar su sexto Masters con 46 tacos; Tiger ganando su primer Masters en 1997 por doce (¡¡doce!!) golpes; los caddies vestidos con mono blanco; el concurso de pitch & putt del miércoles, con los hijos de los jugadores haciendo de caddies (sí, también vestidos con mono blanco); los “honorary starters” del jueves por la mañana (Arnold Palmer –con 85 años y el hombro roto-, Jack Nicklaus y Gary Player, nuevamente); la chaqueta verde impuesta al campeón por su antecesor; la cena de campeones, con menú elaborado por el campeón del año anterior; Severiano maldiciendo su suerte cuando, en cabeza con dos golpes de ventaja, mandó la bola al agua en el hoyo 15 del domingo del Masters de 1986, después de esperar 10 minutos a que se fuera todo el mundo del Green (¡con lo impaciente que era!); las flores de temporada alrededor de los greens; o Rory desperdiciando una renta de cuatro golpes el último día del mejor Masters de los últimos tiempos, el de 2011.

En conclusión, el espíritu de Bobby Jones, alma mater de este deporte, habita cada rincón de Augusta National y es por ello que todo jugador, profesional o aficionado, o simplemente seguidor del golf, quiere jugar y ganar el Masters. 

Para este año, Rory McIlroy presenta la candidatura más seria para vestirse la chaqueta verde el 12 de abril. Tiger Woods decidió jugar el Masters la semana pasada, después de no haber competido en el último año por problemas de salud. Phil Mickelson (otro “hombre Masters”) siempre es candidato, igual que Adam Scott o Henrik Stenson. De los españoles, este año sólo viajan tres compatriotas: Chema Olazábal (que tiene invitación de por vida por haber ganado el torneo), Miguel Ángel Jiménez y el presidente del CF Borriol, un equipo de fútbol del Grupo 1 de Regional Preferente de la Comunidad Valenciana. Sergio García, que así se llama el tal directivo de fútbol, garantiza fuegos artificiales, caritas de prurito anal y declaraciones a la prensa que le persiguen durante el resto de la temporada. No, golf no garantiza. “El pisha”, por su parte, siempre ha firmado buenas tarjetas en Augusta y es muy querido por la afición y la prensa locales por su forma de entender este deporte… y por su característica rutina de calentamiento, sin dejar el puro. Sería también una bonita historia ver a alguno de los clásicos (Fred Couples, Tom Watson, Ben Crenshaw, Mark O’Meara o el propio Chema) llegando con opciones al back nine del domingo, que es donde se ganan o pierden los Masters. 

Preparémonos, pues, para cuatro jornadas de sencillas y emocionantes tradiciones, que son las que perduran. Como el respeto y seguimiento mundial del Masters.

COMENTARIOS [0]
[ chinchin ] ha dicho:
08-04-2015

En mi caso, de golf, lo justo, pero lo cierto es que tanto por la entrada de Pailán como por sus comentarios posteriores dan ganas de probar fortuna en ese deporte que, por cierto, he visto que juegan, y muy bien, muchas señoras.

Hay muchos deportistas de élite que lo utilizan como una actividad de relajación y he oido, por poner un par de ejemplos, que tanto Rafa Nadal como MIchael Jordan son dos notables jugadores.

[ Pailán ] ha dicho:
08-04-2015

 

Como podréis comprender, lo indicado anteriormente sucede en el golf profesional, en el que una sutileza puede suponer la victoria o un puesto de segundón. En el golf amateur, la mayoría de las trampas proceden de encontrar “milagrosamente” bolas perdidas en la maleza o de contar erróneamente los golpes en un hoyo. Algunas trampas, por lo simple, llegan a ser cómicas y, después de unos cuantos años jugando, uno se acostumbra a contar tanto los golpes propios como los del contrario.

[ Pailán ] ha dicho:
08-04-2015

Gracias por vuestras palabras. Efectivamente, soy un gran aficionado al golf, que practico siempre que puedo, que no es cuando yo quisiera, pero ese es otro cantar. Augusta y su Masters tienen para mí un atractivo especial, a mitad de camino entre un amor imposible y la inocente ilusión infantil. No todo el mundo puede jugar en Augusta National, ni pagando millones. Hay que ser invitado por uno de los socios y, claro, os podréis imaginar lo “cara” que se pone la cosa para un aficionado de a pie, y no sólo me refiero al dinero.

Sobre lo que me pregunta bg_rules de las trampas, pues claro que se hacen trampas en este deporte, como en todos. Naturalmente, también hay diferencias respecto al fútbol. En condiciones normales, es el propio jugador quien se somete a la penalización en cuanto se da cuenta de que ha cometido la falta. Son famosas las penalizaciones auto-impuestas de Ian Woosnam por llevar quince palos (el máximo son catorce) en el British Open de 2001 y por la que no quiso despedir al caddie, responsable de llevar los palos o la del argentino Roberto De Vicenzo, que perdió Masters 1968 por apuntarse en la tarjeta un golpe ¡de más! Si hubiera anotado los golpes correctamente, habría ganado el torneo. También se puede dar el caso de que sea tu propio compañero el que te indica que has cometido una infracción, como Luke Donald hizo con su amigo Rory McIlroy al indicarle que no se puede limpiar la línea de putt cuando se patea desde fuera del Green. Rory se apuntó dos golpes de penalización por ello y siguieron jugando tan tranquilos.

Además de lo dicho, hay otra diferencia enorme con la mayoría de los deportes y es que las partidas de golf se pueden arbitrar a posteriori, hasta que el jugador firma la tarjeta y la entrega al juez. De hecho, en Estados Unidos hay una legión de tarados que siguen las retransmisiones semana a semana con el reglamento en la mano y llaman al comité de competición para chivarse de cualquier irregularidad que perciban. En el Masters de 2013, por ejemplo, Tiger Woods tiró una bola al agua en el hoyo 15 y optó por jugar otra desde el lugar original. Sin embargo, no colocó la nueva bola en el lugar exacto donde estaba la primera, sino en un lugar más conveniente por distancia y lie, a dos metros del anterior. Eso supone una penalización de dos golpes, que Tiger no se apuntó. Nick Faldo, que no juega el Masters para aullar (literalmente) comentarios en la CBS, dijo que debería haberse descalificado por entregar una tarjeta incorrecta. Sin embargo, los jueces decidieron penalizar al de California sólo con dos golpes, estimando que no sabía que estaba dropando la bola en un lugar equivocado. Otro ejemplo de arbitraje a posteriori fue el de Dustin Johnson en el PGA Championship de 2010, cuando posó el palo en un bunker pisoteado por el público y que ya ni era bunker ni era nada. Cuando se dirigía a recoger su trofeo, el juez le dijo lo que había pasado, le obligó a anotarse dos golpes de penalización y fue a un desempate que, a la postre, ganó Martin Kaymer. En ambos casos, fue un televidente el que hizo cantar la gallina.

... Sigue ...

[ pezuco ] ha dicho:
08-04-2015

 

Como he dicho siempre, lo poco (nada) que sé de golf ha sido provocado por Pailán y alguna cosita que leo en la canallesca antideportiva.

Además de agradecer sus enseñanzas, voy a atreverme a comentar un par de cosas. Siguiendo con el comentario de bg_rules, he recordado una película centrada en el golf a principios del siglo XX (que encaja perfectamente en la historia del Máster), donde el protagonista se autopenaliza con un golpe aun a sabiendas de que ello le privaría de la gloria del triunfo. La moraleja del filme venía a ser que ese deporte es de caballeros y no caben las trampas. Luego sí he leído de problemas en varios torneos por participantes digamos poco caballerosos e incluso alguna descalificación por asuntos poco claros con las tarjetas. Pailán seguro nos traerá luz sobre este tema.

Lo otro que quiero destacar es que para alguien tan ajeno al golf como yo, resulta más atractiva la figura de alguien como el Pisha que la de alguien que seguirá siendo "El Niño" hasta su jubilación. El "arte" del andaluz cuando emboca (¿se dice embocar cuando entra la bolita en el agujero?) un golpe difícil, con ese saludo al respetable reverencioso gorra en mano no tiene precio.

 

 

 

[ bg_rules ] ha dicho:
08-04-2015

Enorme pailán. Otra lección magistral de golf. No sé nada de este deporte, y siempre se agradece recibir una clase de este nivel. Me asalta, así sobre la marcha, una duda. Obviamente, trampear en un campeonato oficial asumo que es imposible, al estar todo bajo control, pero me asalta la duda en los casos en los que se juegue una partida entre particulares, con un amigo o conocido, etc. ¿Es fácil hacer trampas jugando al golf? ¿Es habitual encontrarse competidores en los clubs privados que hacen trampas? ¿Nos podrías contar algunas de las trampas más habituales, si es que las hay? ¿Alguna vez has tenido la experiencia de jugar con amigos o conocidos y de haber sufrido a algún tramposo?

Lo digo porque, como nuestro tema central es el fútbol y en fútbol trampas las hay todas -casi diría que es el deporte más tramposo-, sería interesante comparar.

Ah, lo de "caritas de prurito anal, top, top, jajaja. 

[ wh ] ha dicho:
08-04-2015

Nuevo Masters de Augusta y algunos por aquí seguimos sin dar palo al césped. Pero puedo prometer, y prometo, que no me coge el póximo masters en la misma situación.

Se nota cuando uno escribe con el corazón, y esta entrada viene de un jugador de los de verdad, de los que mantienen viva la mejor tradición de este deporte.

Ahora, si mi querida y admirada santagueda, fan number one de Pailán, resulta que también sabe de golf, me voy a ir buscando una soga y un lugar adecuado donde colgarla.