[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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LOS POLÍTICOS GANAN POCO

Decía Don Santiago que los españoles somos una raza de envidiosos, y si ni siquiera el Caudillo de España por la G. de Dios tuvo arrestos para discutirle nunca nada, no voy a empezar yo. O sí.

Antes de entrar en lo de siempre, les propongo un ejercicio de memoria futbolística, aunque solo sea por disimular, y hacer como que participo en un blog de fútbol. Digan, ¿cuál fue la última vez que oyeron a un entrenador español o hispano felicitar al rival y reconocer que ha sido mejor? A lo más que llega alguno, y solo alguno, es a expresiones tipo “no hemos estado concentrados y el rival sí”, y hasta eso está más pensado para consumo y oprobio de sus propios jugadores que como elogio sincero al rival. Desde Sir Bobby Robson, cuyo año en La Reserva Espiritual dels Paisos me hizo recordar aquello de “Dios, que buen vasallo si oviesse buen señor”, no ha pasado por La Liga entrenador alguno que no hable más de los árbitros –o del césped, como uno que yo me sé– que de sus propios jugadores.

Pasemos ahora del verde-campo de fútbol al blanquecino-escritorio de oficina. ¿Cuándo ha oído o pronunciado alguien, jamás, un “se merece el ascenso, curra como un condenado”? No, en España se asciende porque se es un pelota, un arrastrado y/o un enchufado, y eso con suerte, porque si se es mujer de menos de 90 años o kilos, la explicación del ascenso no es apta para menores. Por mucho que el castizo “Olé sus…” se oiga frecuentemente en nuestras bocas, la verdad es que no anida en nuestros corazones. 

Se me antoja, sin embargo, que nuestro problema no es tanto de envidia propiamente dicha, sino de incapacidad para reconocer los méritos ajenos. Yo diría que no tenemos demasiado problema en alegrarnos sincera y genuinamente por el Mercedacos que se ha agenciado Peláez, el de Contabilidad, siempre y cuando le haya tocado el Cuponazo, pero ¡ah!, espera a que se haya comprado el susodicho gracias a un ascenso, que le desearemos las Siete Plagas de Egipto y, sobre todo, le atribuiremos las mil inmoralidades en su camino hacia el ascenso en vez de preguntarnos qué podríamos hacer nosotros para ganarnos otro. Del mismo modo, si Peláez quiere seguir participando de la tertulia en torno a la mesa del frasco de Nescafé, más le vale hacerse perdonar el éxito con un permanente ejercicio de falsa modestia –“ha sido suerte”, “podrías haber sido tú”– y demás, porque como se le ocurra decir algo tipo “es que tú te pasas el día dándole al Candy Crush mientras yo le saco los proyectos al jefe en sábados y domingos”, a Peláez no le vuelve a dar los buenos días ni el conserje.

En este maltratado país nuestro –maltratado, digo, principalmente por los españoles–, el esfuerzo y el talento son dignos de oprobio. Que no se te ocurra tener una buena idea comercial, porque si haces algo de dinero y cometes el espeluznante crimen de crear 6.000 empleos en España y una marca mundial, como Amancio Ortega, media España tuitera, con dirigentes de partidos políticos que se dicen “de gobierno” a la cabeza, te deseará la muerte. Volviendo al fútbol, ¿cuántas veces hemos oído el “más coj… y menos millones” gritado con saña al Madrid, como si fuera un demérito el saberse administrar, o el “total, por dar patadas a un balón” proferido por aficionados que hubieran dado media vida por ser futbolistas profesionales?

Del mismo modo, y esto es a lo que voy, estoy hasta más allá del cachirulo de escuchar cómo se elogia a políticos con un “es un tío normal”, o, peor aún, insultarles con un “si ese viene de HouseWaterWatch Cooper” por usar la consultora inventada por nuestro Lenin de pacotilla, Pablemos. Yo no quiero un “tío normal” de político, pardiez, quiero alguien que me de mil vueltas en todo, que para eso le voto y para eso le estamos dando un poder y unos presupuestos que “los tíos normales” no manejamos. Si a cualquiera le parecería absurdo reclamar un médico sin estudios, o un jefe sin experiencia, ¿por qué no sólo aceptamos, sino incluso exigimos, mentecatos iletrados administrando miles de millones y tomando decisiones que afectarán nuestras vidas durante décadas?

En esto, como en tantas otras cosas, hemos ido de mal en peor durante las últimas cinco o seis décadas. Los mejores años, económicamente hablando, de España desde que Carlos I empezase a exprimir a Castilla para pagar sus aventuras europeas han sido los años 60 del siglo pasado, presididos por los que ahora son denominados, despectivamente, gobiernos “tecnócratas” de Franco. Solamente en la Quevedo-Valleinclanesca España se puede usar como un insulto un término que denota, ni más ni menos, que el aludido sabe y está preparado para la función que desempeña ¡Qué crimen! Qué va, nos hace mucha más ilusión que la economía la dirija un iluminado con camisa azul vieja, como en los 1940, o un UGTista semianalfabeto, como en los 2000, con los resultados de todos conocidos. Pero ¡pelillos a la mar!, porque, mientras que nos imaginamos yéndonos de cañas con Girón de Velasco o con Jesús Caldera, que parecen “´tíos normales”, los opusianos de Franco eran muy estirados y muy antipáticos, siempre de sobresaliente, siempre rodeados de libros. ¡Qué gentuza!

Ya en democracia, y quizás por la inercia de los famosos gobiernos tecnocráticos, parecía que estábamos dispuestos a valorar la capacidad y la preparación en nuestros políticos, pero ha resultado ser todo un espejismo. Todos nos podemos imaginar a Felipe, Guerra o Maravall siendo ministros de Franco en un gobierno de los 60 o 70 si no hubieran salido tan rojos, rojos de antes del 20-XI-1975, no como Cebrián, Victor Manuel y tantos otros, digo. Todavía hace falta menos imaginación para ver a Fraga, Suarez y los demás dirigentes de la derecha como ministros de Franco, porque la mayoría lo fueron, pero a las contemporáneas Pajín o Báñez, por ejemplo, no las veo ni coordinando la Agrupación de Coros y Danzas locales, que hasta el Movimiento se había dejado ya de ensoñaciones ideológicas durante el tardofranquismo, y andaba más por el manejo eficiente del cotarro.

Lo que yo exijo, y debiéramos exigir todos, son ministros más inteligentes, más preparados, más trabajadores y hasta más guapos que uno mismo, pero lo que tenemos son Pepiños manejando billones públicos, pero a quienes no contrataríamos ni de dependientes en nuestras tiendas por miedo a que nos hicieran algún estropicio.Todo se perdona, sin embargo, porque “son tíos normales” que no nos obligan a enfrentarnos, en la comparación con ellos, a nuestras propias limitaciones. Podemos encogernos de hombros y decirnos que ni el Caldera ni el Pepiño son mejores que nosotros en nada, sino que simplemente han sido más trepas y más pelotas, y nos convenceremos de ello, entre otras cosas porque, en estos casos en concreto, probablemente sea verdad.

Y como queremos “tíos normales” como nosotros, también nos escandalizamos si los sueldos que se llevan por hacer ese “trabajo normal” no son, en justa correspondencia, “normales”. Es signo palmario de la incultura democrática de España el que nos escandalicemos porque los expresidentes disfruten de una pensión que les permita vivir sin trabajar al dejar su cargo, y que comentemos acrimoniosamente que “menuda casa se ha hecho el HdP ese”. Sí, ¿y qué? ¿Es que gobernar España no se merece un sueldo astronómico?

Capítulo aparte merecen los podemitas y su demagógica iniciativa de limitar el sueldo de sus concejales al triple del salario mínimo. ¡Qué altruismo, qué espíritu de servicio a la sociedad! ¿Qué estaban haciendo antes, y cuánto ganaban haciéndolo, luminarias del calibre de Rita Maestre o Eduardo Zapata? Y si no estuvieran “trabajando por los demás” en el Ayuntamiento, ¿qué irían a hacer ahora, qué elenco de empresas haría cola para contar con sus muy cotizadas habilidades de asalta-capillas y twittero antisemita, respectivamente? Puede que estos pájaros –y pájaras, que no se diga que no soy progre– se hayan auto-limitado a 2.000 euros al mes o lo que sea, pero es que esos ya son 2.000 más de lo que ganarían de cualquier otra cosa que no fuera político.

No podemos seguir como hasta ahora, con los partidos de izquierda siendo refugio de inútiles que ni soñando ganarían sus sueldos de ministros en la empresa privada, y el PP poblado por profesionales que sí son capaces de ganarse su buen dinero por sus propios medios, pero que luego necesitan complementar su sueldo público con sobres, Montoro y Asociados y demás canonjías. Tenemos que empezar a exigir competencia, preparación y dedicación exclusiva a nuestros políticos, pero, consecuentemente, también debemos estar dispuestos a pagarles unos sueldos que resulten competitivos con los mejores que paga la empresa privada. ¿Qué gran ejecutivo de qué gran empresa va a dejar su puesto para aceptar una cartera ministerial cobrando diez veces menos?

Hagámonos valer de una vez, Damas y Caballeros, y sepamos reconocer primero, y recompensar después, a los que valen. Dirigir España es el mejor trabajo al que cualquier español puede aspirar, pero también el más complicado, y no cualquiera sirve. La vida no da duros a cuatro pesetas, y cuando pagas sueldos de escribiente de tercera, lo normal es que tengas que hacer ministro, que no “ministra”, a Magdalena Alvarez. Y así nos luce el pelo.

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[ Pailán ] ha dicho:
20-09-2016

 

Como no me gusta hablar de política (¿os lo había dicho ya?), me quedaré con la anécdota, el chascarrillo y la frivolidad, que en este artículo deberían ser categoría. Me quedaré con dos de ellas:

Por un lado, la envidia, pues es este pecado nacional (¿o era capital?) la excusa que utiliza el gran ALMP para llevarnos al frívolo asunto de los salarios de nuestros políticos. Qué mal gusto, hablar de dinero y de lo que gana uno u otro, pero quiá, que la vida pública debe ser, el nombre lo dice todo, transparente. Ya dijo una lumbrera de la Patria mía que él se metía en política para hacerse rico y no parece que le vaya muy mal al tipo que pronunció tal exabrupto, ni a los miles de cuates que pueblan este desdichado solar. Igual que Cela se limitaba a no tomar por el culo, yo sólo pido que esta tropa no haga lo propio con la sufrida ciudadanía (con perdón).

Y por otro, un ejemplo más de errata que mejora el original. Dice mi dilecto y admirado wh que "todos los españoles estaríamos de acuerdo hasta con hacer un limpio y transparente crowfunding – algo tan de moda en estos corruptos tiempos que corren- para aumentar su emolumentos [de los políticos]", perdiendo crowdfunding su de. Crowfunding para los políticos. Financiación de cuervos. ¡Qué grandeza!

Sigan, sigan

[ bg_rules ] ha dicho:
20-09-2016

Realmente andar planteándose si nuestros políticos deberían estar mejor pagados es un poco como coger el rábano por las hojas. Si el planteamiento es que mejores sueldos atraerían a gente más competente, se trataría de un error, porque el sistema de partidos, por su propia esencia, no premia los méritos ni la capacidad, sino la lealtad mal entendida, que no es sino la pleitesía. Con una estructura vertical como la de nuestro sistema, es imposible garantizar una selección de calidad, sean altos o bajos los sueldos, puesto que lo que prima es la sumisión al sistema. No quiere decir esto que muchos políticos no sean gente muy inteligente y preparada, pero su preparación y capacidad están al servicio del partido, y consecuentemente es papel mojado. Por ejemplo, yo no tengo la menor duda de que Solbes sabía, cuando aquel debate famoso, que lo que estaba diciendo era basura, lo que pasa es que estaba sirviendo a su amo. El sueldo de nuestros políticos, por lo tanto, no hay que medirlo en euros, sino en cuota de poder y en alimento de vanidades.

Por otro lado, pensar que los políticos se corrompen porque sus sueldos no son suficientemente altos y que como consecuencia están expuestos a la tentación, también creo que es un planteamiento erróneo. La corrupción yo creo que tiene que ver más con la sensación de poder que con la necesidades económicas. De otra manera, no se podría entender que existiese gente como Mario Conde, por ejemplo. En cualquier caso, la corrupción en España es, en su profundidad, producto del sistema, que la alimenta por la estructura del mismo. En este sistema es imposible que no haya corrupción, y no es precisamente por los sueldos de quienes se corrompen.

[ wh ] ha dicho:
20-09-2016

Si el resumen del artículo de ALMP es que a los buenos políticos, a los de verdad, a los que vienen a dejarse la piel por mejorar el nivel de vida del país hay que pagarles bien, creo que todos los españoles estaríamos de acuerdo hasta con hacer un limpio y transparente crowfunding – algo tan de moda en estos corruptos tiempos que corren- para aumentar su emolumentos. Pero el problema no está ahí, el problema está en el sistema partitocrático que tenemos que hace que no se pueda premiar  la virtud  de los políticos buenos o castigar la corrupción o la idiocia – o las dos cosas a la vez, que es lo más frecuente- de los malos.

Cuando uno ve cómo vive ahora un idiota como Zapatero que llevó a este país a la ruina, no es que sienta envidia es que siente rabia de que un ignorante como ese, que nunca ha trabajado, puede llegar a ostentar un cargo que le queda mucho más que grande sólo porque ha sido aupado por las poco limpias manos de la partitocracia. Y, como él, muchos otros más a derecha y a izquierda.

Claro está que necesitamos gente más preparada para dirigir el país, pero lo que no sé si la mayoría de los españoles saben distinguir entre un político preparado y que de verdad sabe lo que es necesario hacer y otro que lo que sabe es decir lo que los borregos quieren escuchar, y el mejor ejemplo lo vivimos hace unos años con el debate entre Pizarro, uno que sí que ha trabajado y conoce la vida real, y otro ejemplar, politizado hasta las trancas, como Solbes. No fuimos precisamente mayoría los que apreciamos en 2008 el palizón dialéctico que le dio el fugaz miembro del PP al eterno representante del PSOE.  Y si no sabemos reconocer quienes son los buenos, difícilmente podremos elegirlos.

El sistema necesita de una regeneración profunda que tiene que pasar, ineludiblemente, por la conversión de la partitocracia en una verdadera democracia. Si conseguimos alguna vez ese milagro podremos ver entonces el triunfo de la meritocracia sobre los codiciosos vástagos del dedo del jerarca de turno.

[ chinchin ] ha dicho:
20-09-2016

Gran artículo de ALMP. 

Sí que tenemos envidiosos en nuestro país, pero también tenemos muchísima basura entre la case política y yo, qué queréis que os diga, si tengo que elegir me quedo con la envidia con tal de que nos limpien la basura.

[ NickAdams ] ha dicho:
20-09-2016

ALMP, no creo que servidora juegue en el equipo de los envidiosos, pero me sobran muchos, pero muchos politicos que nunca han trabajado y han vivido siempre de la mangancia. Necesitamos menos administradores y, por tanto, menos Administraciones y mejores y escogidos administradores. Y sí, hay muchos que sólo están para decir SÍ a los dictados del partido y cobran buenos salarios, reciben regalos y, además, dietas, por no hacer nada más que eso. 

Así que hay que reformar la política y la admistración, ir a las listas abiertas, acabar con las subvenciones a los partidos, sindicatos y demás; adelgazar, y mucho, a las obesas administraciones; acabar con un Senado inútil y luego, los que queden, los buenos y eficientes, que cobren lo que sea necesario...pero estos de ahora, ¡NO!

Veo que nos has dejado fuera de la plantilla a Riverita. ¿Es porque es de los buenos administradores? ¿Aunque nada haya administrado aún? ¡Ay, ay!