[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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RECUERDAN PERO NO APRENDEN, Y II

La moraleja de mi cuento de hoy es que la izquierda española no se define con respecto a las cuestiones nacionales, y que sufre electoralmente por ello, de la misma manera que la semana pasada veíamos cómo también sufre por su radicalismo sietemesino.

En general, la izquierda mundial ha elegido tres maneras de tratar las cuestiones nacionales. Cronológicamente hablando, la primera, que llamaremos “internacionalista”, emana del marxismo clásico: los nacionalismos morirán de obsolescencia sin que sea necesario malgastar esfuerzos revolucionarios en ello. Del mismo modo que Engels consideraba irrelevantes para el proletariado los resultados de la Guerra Franco-Prusiana de 1870-71, tampoco el SPD estaba interesado en lo más mínimo en las ansias autonomistas de Baviera, por ejemplo. Salvo por la marginal IV Internacional trostkista y grupúsculos asociados, esta postura está hoy desechada, muerta de un ataque agudo de realidad en 1914.

La segunda, que voy a llamar “socialdemocracia” a secas, es la que surgió precisamente de la catástrofe de 1914, después de que los partidos socialistas europeos vieran, para su sorpresa, cómo los proletarios marchaban alegremente, entre canciones patrióticas y despedidas floreadas, a despedazarse mutuamente en Verdun o Polonia al servicio del “capital”. La II Internacional se disolvió en 1916, y con ella murió la ensoñación marxista de la fraternidad entre los proletarios de todo el mundo, para dejar paso a unas socialdemocracias que empezaron a circunscribir sus programas reformistas al ámbito nacional de cada una. 

El bienestar de las clases trabajadoras de cada país estaba ahora indisolublemente unido a la unidad y prosperidad de dichos países. Si a Francia le iba bien, a los trabajadores les iría bien, y el bien de Francia conllevaba suprimir brutalmente las diversas rebeliones coloniales o prohibir el uso del bretón en las escuelas durante la III República, muchos de cuyos gobiernos fueron socialistas. Más recientemente, los muy socialistas Mitterrand o Jospin gustan de sacar a la Legión Extranjera a pasear por África al menor pretexto y a mayor gloria mercenaria de La France, y se siguen negando a cualquier concesión de ningún tipo a los nacionalismos periféricos. 

Por supuesto, la palabrería internacionalista ha sobrevivido hasta nuestros días, pero ya nadie se hace ilusiones de fraternité entre los pueblos. Las pancartitas de “Welcome Refugees” son parte de ese postureo tan caro a la izquierda, y son estupendas para generar titulares y buen rollito, pero acoger cincuenta refugiados en un país de cincuenta millones no es política, es una campaña de marketing. Ni el SPD, ni el PSF, ni ningún partido socialdemócrata del primer mundo promete el bien instantáneo y universal, sino una mejora progresiva y limitada a cada país.

En fin, la tercera y más reciente aproximación izquierdista al problema nacional, que los medios han dado en llamar “populismo de izquierdas”, pero que yo voy a llamar “socialismo en un solo país”, según lo bautizó su Padrecito, tuvo como comadrona a la otra gran catástrofe europea del S. XX, la II Guerra Mundial. Es entonces cuando el Padrecito Stalin, con los alemanes a la vista de los cucuruchos del Kremlin, se pasó a eso de la “Gran Guerra Patriótica” y sacó a pasear las momias de Kutuzov y Bagration, los generales que derrotaron a Napoleón y que hasta 1941 habían sido unos asesinos fascistas. De sabios es arrepentirse, supongo, por eso Stalin se murió en la cama mientras Hitler o Mussolini acabaron con sendos tiros, y por eso Mao, los Kim de Corea, Fidel, Chavez o Syriza le han copiado las ideas.

Y por fin llegamos a la izquierda española. ¿Qué análisis hace la izquierda española de los distintos enfoques posibles sobre el problema nacional? No hace ninguno. ¿Con qué opción se queda? Con ninguna. ¿Es internacionalista, socialdemócrata, socialista en un solo pais? A cada rato una.

Por supuesto, el PSOE dirá que son un partido socialdemócrata homologable a cualquier otro europeo, pero no. Ningún partido socialdemócrata europeo cuaja sus mítines de cualquier bandera regional imaginable mientras prohíbe las nacionales, ni se niega a dirigirse a sus votantes en su lengua mayoritaria, como el PSC lleva haciendo cuarenta años, ni permite gobernar con sus diputados autonómicos y concejales a partidos abiertamente secesionistas cada vez que se presenta la más mínima ocasión. El PSOE no es el PSF, ni el SPD, ni el Labour Party, y no solo por sus veleidades revolucionarias, como vimos la semana pasada, sino por su indefinición con respecto a la cuestión nacional.

La extrema izquierda, por su parte, con Podemos a la cabeza, va de internacionalista por la vida, de que las nacionalidades y los estados “no son prioritarios”. Ya. Por eso todos sus desmadres, perdón, “confluencias” regionales llevan nombres como “Catalunya si que es pot” y se envuelven orgullosamente en sus banderas autonómicas, pero Podemos a nivel “estatal”, Dios nos libre de decir a nivel “nacional”, no lleva la bandera de España ni por recomendación médica y se llama simplemente “Podemos”.  Y así podríamos seguir ad infinitum.

Siempre estamos hablando, inducidos por el PP y sus medios afines, de que Podemos va a convertir España en Venezuela, pero a la ideología podemita, que algún término de trabajo hay que dar a su conjunto de eslóganes a medio cocer y muchas veces mutuamente contradictorios, le falta uno de los tres pilares en los que Chavez asentó su hegemonía. Despliegan el infantilismo irresponsable de echar la culpa de todo a “los mercados”, sean estos quienes sean, y tampoco tendrían escrúpulo alguno en utilizar los resortes del poder para extinguir toda oposición si lo detentaran, pero les falta la tercera pata, la galvanización emocional que proporciona el nacionalismo extremo y de pandereta del chavismo, y ese chándal de la bandera de Venezuela que Maduro no se quita ni para dormir. Hasta Syriza, por lo demás melliza de Podemos, ha introducido un elemento nacional-racista griego a su discurso al que Podemos no se atreve a llegar por miedo de contrariar a sus “confluencias”.

Las extremas izquierdas regionales tipo ETA y su rama regional catalana, las CUP, tienen justo el problema inverso de Podemos. Ellos sí que pueden echarle la culpa de todo al “otro”, al judío, digooo, al maketo-charnego, y sí que pueden envolverse en una bandera para justificar cualquier atropello y obviar cualquier discurso político racional, pero al hacer del nacionalismo el eje de su discurso, y al tener que aliarse con fuerzas secesionistas de derechas como el PNV y el Partit del 3 per cent, o como lo quieran llamar esta semana, el componente social del mismo pierde toda su fuerza.

Las izquierdas españolas moderadas, radicales, españolistas o medio pensionistas no se aclaran sobre si el nacionalismo sigue siendo o no una fuerza motivacional y política o ya no; si lo es, tampoco se deciden sobre si explotarlo e incorporarlo a su discurso, o demonizarlo e intentar extirparlo; cuando se deciden a agitar la bandera para arrastrar a las masas, tampoco saben qué bandera agitar; y cuando, más allá de la propaganda, tienen que entrar en el terreno de la acción política concreta, a veces se alían con sus enemigos de clase -PNV, Partit del 3 per cent-, contra sus enemigos de bandera -el PP- y a veces con sus enemigos de bandera -PSOE- contra sus enemigos de clase -PP-.

Unos y otros, socialdemócratas y maoístas, se han obsesionado tanto con el poder a corto plazo, con formar alianzas sin sustento ideológico alguno con tal de expulsar al PP de cada poltrona que se ofrezca, que han perdido de vista los beneficios electorales a largo plazo que tiene una visión coherente de la sociedad y el estado que pretenden. Le guste a la izquierda o no, el sentimiento nacional está todavía muy vivo en España, y hay millones de personas, por lo demás no necesariamente refractarias a la socialdemocracia, que jamás van a votar a unos partidos de quienes no saben qué esperar en cuestiones de unidad nacional.

Están hechos un lío y se nota, y si se quiere convertir al pueblo en un rebaño, los líos no sirven. Los totalitarismos exigen certezas, objetivos mesiánicos claros, y, sobre todo, unas definiciones meridianas de qué es el “pueblo” y qué es el “enemigo”. Stalin, Mao, los Kim o Chavez lo sabían, pero Podemos, un día clamando contra la “España franquista” pero al día siguiente twiteando orgullosos sobre los triunfos de la Selección Nacional de baloncesto, o el PSOE, hablando de la “Defensa de la Constitución” mientras gobiernan con secesionistas, no nos dan coherencia, y lo están pagando. 

COMENTARIOS [0]
[ wh ] ha dicho:
03-08-2016
Citando a ZAPEZIPI :: No. 5 :: 02-08-2016

Vuelvo de pasar unos días en la querida Cuba con un sabor agridulce que me dejan sus contradicciones. Empapado de música y sobre todo de son en Trinidad o Cienfuegos y de esa tristeza general, sin brillo en las miradas, donde se refleja c&oacu...

ZAPEZIPI, creo que no se puede describir mejor la desesperanza que 57 años castro-socialismo ha inoculado en la inmensa mayoría de los cubanos: no hay futuro,  sólo sobrevivir día tras día.

[ ZAPEZIPI ] ha dicho:
02-08-2016

Vuelvo de pasar unos días en la querida Cuba con un sabor agridulce que me dejan sus contradicciones. Empapado de música y sobre todo de son en Trinidad o Cienfuegos y de esa tristeza general, sin brillo en las miradas, donde se refleja cómo ha calado la resignación en la expresión del común de los cubanos. He dejado a sus buenas gentes todo lo que llevaba en la maleta y más que hubiese llevado.

Aquí en España, veo que un zangolotino que se dice líder antepone al interés general su ánimo de revancha personal de niñato enfurruñado. Otra derrota que quiere reescribir en diferido como hizo su ilustre predecesor ZP. Parecía insuperable la imbecilidad de Zapatero. Pues no. 

 

[ wh ] ha dicho:
02-08-2016

Estoy con Nickadams. Es más, si el gran Mou leyera esta entrada de ALMP -cosa que no descarto- la calicaría de "retop", porque no es sólo lo bien estructurado que está el artículo, sino lo claro de los argumentos históricos. 

Muy bien traído el recurso de Stalin -ese asesino patológico al que, sin embargo, no está penalizado mencionar a pesar de que batió a Hitler en todas las estadísticas, desde el número de víctimas hasta la cantidad de años en el poder- utilizando a los ninguneados hasta entonces Bragation y Kutuzov para con el escudo moral de la "Guerra Patria" parar a los mismos alemanes con los que no tuvieron el menor reparo en repartise Polonia a pachas. Una muestra más de la "sólida" moral de la izquierda. El concepto de "patria" vale para estos sólo cuando cuadra perfectamente con sus intereses: poco o nada les importó qué pensaban de su patria los polacos en el 39, los húngaros en el 56 o los checos en el 68. 

En la España de hoy, por supuesto, mejor para los rojos no hablar de la "patria", de hecho descalifican como "fachas" a todos aquellos que utilizan la palabra. Pero ahora, como bien apunta el blogger, lo tienen complicado con tantas marcas en venta y tanto paladar diferente, es por ello que el que quisiera ser el Coletudo en Jefe anda de coleta caída, pues no ve posibilidad alguna -al menos a corto o mediano plazo- de alcanzar su añorado "partido único", como en la extinta URSS o en las supervivientes Cuba y Corea del Norte. Si alguna vez lo consiguen -que Dios no lo permita, aunque su vicario en la tierra lo vea con buenos y montoneros ojos- el vocablo "patria" volverá a sus rojas bocas.

[ pezuco ] ha dicho:
02-08-2016

 

Felicitar al blogger por su excelente artículo, otro más, imposible explicarlo mejor, ALMP.

Quizá yo hubiera incidido más en lo antónimo que resultan los términos coherencia y progresía, pero en general el escrito lo refleja perfectamente. Personalmente me resulta gracioso cuando oigo a la caterva progre referirse a la derecha española como cerril y extrema. Se cree el ladrón que todos son de su condición, que diría el castizo...

En España la izquierda se encontró desde la transición con una derecha que nunca presento batalla por sus ideas, donde lo progre estaba por encima del bien y del mal. Como donde gobernaba y y des-gobierna esa "pogrez" siempre fracasaba y los votantes llamaban a la derecha para arreglar los desaguisados, la única tabla de salvación reivindicadora de esa izquierda es Franco-dictadura-guerra civil-derecha heredera del franquismo.

Por más que pregunten a los españoles sus motivos de preocupación, que se sepa que el paro, la corrupción, el terrorismo y demás simpleces nos quitan el sueño, los progres ven como solución a eso cambiar callejeros, el Valle de los Caidos y condenas a Franco.

Si no fueran en general tan mala gente, tendría que darnos pena de quienes no pueden vivir el presente sin mirar al pasado (convenientemente falseado y preparado para su causa). ¿Cómo alcanzar el futuro en esas circunstancias?. A saber qué nos espera con esta gentuza a la puertas de hacerse con el poder.

 

[ NickAdams ] ha dicho:
01-08-2016

Otro excelente y diáfano repaso histórico de ALMP. Top. 

Efectivamente, y muy bien traído: la compleja situación nacional, unida a la de tambaleante Unión Europea, la islamización de Turquía y la ya imposible de tapar (expcepto para los tarados) miseria, corrupción y desastre venezolano, hacen imposible indicar al deseado rebaño un camino simplista -aunque, como siempre, falso-.

Ellos son así: falsos. Todos son Echenique.

[ Mundo ] ha dicho:
01-08-2016

Excelente repaso a la Historia y sus hechos.

Viene a mi cada vez más decadente memoria, un comentario escuchado en una comida sobre unos de los muchos errores cometidos por el Generalisimo Francisco Franco durante su Jefatura del Estado, 

NO HABER LEGALIZADO EL ABORTO .

La cantidad de HIDEPUTAS que nos hubiera evitado .