[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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BELÉN ESTEBAN Y ARRIBA ESPAÑA

¿Qué nos hace realmente españoles, damas y caballeros? No es el haber nacido en España o que nuestros ancestros también lo hayan hecho; tampoco es un pasaporte, que ahora se lo dan a cualquier sarraceno, y menos una bandera creada en un concurso que ganó un diseño italiano, o un himno sin letra. Tampoco es una Historia común, para empezar porque la mayoría la conoce poco o nada, y para seguir porque, en ese caso, también podríamos decir que somos romanos o que los colombianos son españoles. El idioma, por supuesto, ayuda mucho, pero tampoco es suficiente, que ni todos los españoles tienen el castellano como lengua materna, ni mucho menos todos los que la tienen son españoles.

Lo que realmente compartimos, lo que nos hace parecernos unos a otros, aunque no siempre tengamos la conciencia de ello, son las experiencias y condiciones compartidas durante nuestra vida. Somos españoles porque estudiamos bajo la EGB y no con otro sistema, porque merendábamos bocatas de chorizo y no cruasanes, porque veíamos TVE y no la tele extranjera, porque nuestras madres han sido todo lo pesadas de lo que es capaz una madre española, y no desapegadas como suelen ser más al norte, o porque nos hemos alimentado a base de lentejas y no de McDonald´s. Torrebruno me ha hecho más español que ese otro gran italiano al servicio de España, Alejandro Farnesio, Hugo Sánchez más que Cortés, y Los Nikis más que Lope de Vega.

No estoy descubriendo la rueda. Hay ríos de tinta escritos sobre el valor de la cultura popular como factor de cohesión, y alguna gota de esos ríos ha salpicado, qué duda cabe, a los estrategas e ideólogos de la “Anti-España”, que decía el que salía en las monedas de cincuenta pelas pero no en las de cien. El secesionismo y sus aliados llevan cuarenta años intentando destruir esas experiencias y condiciones comunes, y han atacado todos los ámbitos. En esa guerra sin cuartel contra España, sus campos de batalla más visibles, por supuesto, son aquellos de los que hablamos siempre: banderas, manifestaciones y hasta terrorismo, pero no son los únicos. Los secesionistas hacen lo que pueden por que no se escuche música en castellano, por que los envoltorios de los productos que se venden en sus satrapías sean diferentes y por que la sanidad o el tren de cercanías funcionen de manera diferente, aun a costa de que, efectivamente, dejen de funcionar, que la prestación de servicios públicos es un muy pobre segundo detrás de “hacer país”. Se figuran, probablemente de forma correcta, que cuando sus víctimas infantiles ya no vean la misma tele ni coman lo mismo que el resto de niños españoles, los últimos lazos afectivos que pudieran haber sobrevivido al adoctrinamiento en sus Hitler Jugend, digo escuelas –¿en qué estaría yo pensando?–, desaparecerán.

Pero el ámbito privado es muy diferente del público, y las leyes de la economía de escala, inexorables. Por mucho dinero que se quieran gastar en hacer de Goebbels, una televisión autonómica nunca va a tener una programación tan atractiva como los canales que producen programación para cincuenta millones de personas, y me quedo corto porque todas las cadenas españolas se ven por cable en toda Hispanoamérica. Por mucho que subvencionen cantautores coñazo superindepes, a la gente siempre le va a gustar más Alejandro Sanz; y por mucho que los comentaristas de la nostra –por cierto, magnífico nombre para la televisión de Don Vito Pujolone– glorifiquen sin cesar al Equipo del Régimen en sus sectarias retransmisiones, el mes que un clup está jugando en Madrid, en Sevilla o en Valladolid, plazas que, de momento, aunque todo se andará, no son Paisos. 

Ninguna ley del mundo puede obligar a que la gente no ponga el “Salvame De Luxe”, que me quiero echar unas risas y ETB es un pestiño; el mes que un clup no podría gastarse fortunas en traer a los muy canteranos y muy catalanes Neymar o Luis Suarez si jugase en una liga con el Gramanet y el Rosas, y hasta se puede atacar a la familia y pretender que a los niños los críe la tribu, como dice la iluminada esa de las CUP, pero una madre catalana siempre será muy parecida a una aragonesa, y un arroz catalán se parece mucho más a una paella que a un fish & chips de compra.

Y es que esa es la cultura que consumimos todos, damas y caballeros, por mucho que luego digamos que leemos a Calderón en nuestros ratos libres. Dejémonos de tonterías: los españoles somos muy burros. No es que por ahí fuera sean mucho mejores –y si no, paséense ustedes estos días por Magaluf o Benidorm y presencien hazañas guirufas que harían sonrojarse a Genserico–, pero somos muy incultos. No conozco país alguno en el que la televisión esté tan cuajada de programas de la vesícula biliar, digo del corazón, como en España, ni he ido en metro alguno en el que haya tanto paisano leyendo prensa deportiva como en el de Madrid. Teniendo quizás la literatura más rica y variada de cualquier lengua mundial, el español medio no se pierde por las excelentes y cercanas bibliotecas públicas si no es buscando el “As”, y nos pasamos el día pegados a la caja tonta, no precisamente viendo el Discovery Channel.

Nos escandalizará mucho, pero en realidad es irrelevante que los niños vascos no sepan quién era Cervantes, porque los madrileños tampoco lo saben, o que los catalanes estén convencidos de que España no ha hecho nunca nada bueno por la Humanidad, porque eso, desgraciadamente, es más o menos lo que piensan todos los jóvenes. Lo verdaderamente importante es que unos y otros, vascos, catalanes, madrileños y murcianos, saben quién es Kiko Matamoros y quién va primero en La Liga, y eso nos mantendrá unidos.

Dado nuestro nivel general de burricie y nuestro todavía más vergonzoso nivel de idiomas, es prácticamente imposible que la cultura popular en inglés, y menos en cualquier otro idioma, sustituya a la española aun en aquellas taifas donde el castellano está proscrito. Irónicamente, el propio énfasis que se está poniendo en que los escolares aprendan todos los chapurreados regionales existentes o inventados juega en contra del secesionismo. Las horas lectivas son las que son, y la capacidad de aprendizaje de un niño es la que es, por muy de raza autonómica superior que sea, y el tiempo y el esfuerzo que se dedica a aprender valenciano no se puede dedicar al inglés. Les guste a los gurús secesionatas o no, los niños catalanes, vascos y demás tendrán que consumir televisión, música y la poca literatura que lean en castellano, porque el propio sistema educativo que han creado no les equipa para otra cosa.

Los secesionistas, en su guerra contra la cultura popular española y en castellano, se enfrentan a las consecuencias de su propio afán disgregador y su aislacionismo de campanario. No es que no haya bastantes catalanes, por hablar de los más numerosos, para crear una cultura popular en catalán vibrante y atractiva, es que ni siquiera pueden evitar que les salgan botiflers como Estopa, que siendo de Granollers cantan con acento de Chamberí. Por no poder, no pueden ni obligar a los estudios gringos a que doblen sus películas al catalán, que me escogorcio de la risa. Pueden poner en sus despachos la bandera europea al lado de sus respectivas enseñas regionales, que también manda narices que llamen extranjero a un burgalés pero quieran hermanarse con un letón, pero eso no les hace más europeos ni les hace entender las letras de Oasis. Los jóvenes catalanes, víctimas de la escola catalana, ya no saben ni expresarse inteligiblemente en castellano, como para que aprendan inglés. Seguro.

Umbral decía que el ejército que se opondría a la secesión de Cataluña tenía como generales a Cervantes, Quevedo, Valle Inclán o Juan Ramón Jiménez. Ya conocen ustedes mi obnubilada admiración por Don Francisco, pero pienso que se equivocaba. Nadie, ni a este lado ni al otro del Segre, lee ya ni las instrucciones de los televisores. Los Gonzalo Fernández de Córdoba, Fernando Alvarez de Toledo, o Don Juan de Austria de esta España avergonzada y relativista serán David Bisbal, José Ramón de La Morena y La Pantoja, conocida más que nada como madre del famoso Kiko Rivera. ¡Belén Esteban y Cierra España!

COMENTARIOS [0]
[ wh ] ha dicho:
09-08-2016

Muy interesante el artículo, ALMP, como es habitual. Me ha hecho pensar en mi propio caso, que es el un español de adopción.

Siempre digo que desde el primer día en que llegué a Madrid me sentí como en casa y creo que es por la educación recibida de mi familia que consideraba a España la "patria madre". Creo que eso mismo ocurre con muchas familias hispanoamericanas en que el origen es 100 % español.

Eso sí, por otro lado soy una excepción a tu teoría -y creo, además, que hay muchos en mi caso- que no has tenido en cuenta: nananina de EGB, ni te TVE, ni de Torrebruno. O sea que, para mi, lo fundamental es la sangre y la educación familiar. Todo lo contrario a muchos, que conozco, que han pasado por todas esas experiencias antes mencionadas y no les gusta siquiera mencionar a España.

Buen melón has abierto.

 

[ ALMP ] ha dicho:
08-08-2016

Hola a todos. Siempre que me acuerdo de daros las gracias por la atencion, están ya cerrados los comentarios en mi hilo. Hoy no llego tarde, asique, ¡Muchas gracias!

Porte, es un honor, me enganché a EPRV entre otros por tus comentarios.

[ portega ] ha dicho:
08-08-2016

Muchas gracias NickAdams

Saludos

[ NickAdams ] ha dicho:
08-08-2016

Muy bienvenido a MqM, portega. Como ya te leo en otros sitios me parece que te conozco de siempre, un placer saludarte en casa.

[ portega ] ha dicho:
08-08-2016

Magnífico retrato de la sociedad española actual. Aunque para retrato, la foto que acompaña al texto. Que estos personajes sean modelo de algo, denota el nivel al que de ha llegado. 

[ Marcus48 ] ha dicho:
08-08-2016

Después de tan acertado análisis de nuestro querido amigo ALMP -así no me equivoco si es amiga-, sólo me queda por decir: "¡Santiago y cierra España!". ¡¡Arriba España!!

[ NickAdams ] ha dicho:
08-08-2016

Buen repaso a la sociedad de hoy, ALMP, muy bueno. Apuesto mi pensión de retiro que hoy hay muchos más españoles que conocen de pé a pá la biografía de Kiko Rivera que la de Hernán Cortés. Duro de admitir, pero es lo que hay. Mucha culpa de ello de los políticos y de la tan reclamada (por los regelios) LOGSE.

¡Viva España, cojones!