[ LUCES DE CHAMARTÍN ]

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RECUERDAN PERO NO APRENDEN

Admitámoslo: somos un país de rojos. Nuestras condiciones socioeconómicas y culturales son similares a las de Francia, Alemania o el Reino Unido, pero ni el PSF, ni el SPD ni el Labour Party tienen las veleidades revolucionarias que tiene nuestro PSOE, ni en ninguno de estos países es la tercera fuerza política un partido abiertamente bolchevique como Podemos. 

Nuestro ciclo electoral se venía repitiendo matemáticamente desde hace cuarenta años: de partida votamos izquierda, hasta que se enriquece y nos arruina, y cuando tenemos el agua al cuello, traemos a la derecha para que administre con honradez y pague las facturas. Una vez las ha pagado, volvemos a votar a la izquierda y ¡que siga la fiesta! Para que la izquierda pierda el poder en España hacen falta millones de parados, tres con Felipe y cinco con Zapatero, que hasta en eso se incrementa nuestra tolerancia con la incompetencia económica socialista; pero para que la derecha lo pierda basta conque, por ejemplo, Aznar apoye una resolución de la ONU sobre Irak –se conoce que un tema de crucial importancia para los españoles–.

Pero el caso es que el Sorayo-Arriolismo no está pagando las facturas ni está siendo honrado, según se espera del partido de contables ideológicamente átonos en el que el PP ha tenido a bien convertirse. La deuda pública está a niveles venezolanos y aumentando, el Fondo de Garantía de la Seguridad Social está exhausto, el tesorero del PP está en la cárcel y las cifras del paro se están reduciendo más por los inmigrantes que se han ido que por creación neta de empleo. Y así estamos, los mismos españolitos que echaron de Moncloa al PP en 2004, a pesar de que nos había traído nuestro mejor ciclo económico desde Franco –con perdón–, le están dando otra oportunidad al PP actual, el más incompetente y corrupto de su –y nuestra– Historia. ¿Por qué?

Porque la izquierda se ha olvidado de la Guerra Civil, o más concretamente de sus lecciones. Nuestra izquierda está tan obsesionada con usar la Guerra Civil como arma arrojadiza contra el PP, tan seducida por el sueño zapaterista de perpetuarse en el poder mediante la deslegitimación ideológica de la derecha, que se ha olvidado que detrás de todo el agit-prop hay unos hechos históricos indiscutibles que merecen ser analizados como cualquier otros.

Se pueden extraer infinidad de conclusiones de la Guerra, pero quiero referirme en concreto a la torpeza del PSOE en mostrar su verdadera cara revolucionaria y violenta antes de haber destruido a la derecha política y haber purgado el Ejército y, sobre todo, a la de Azaña en tolerar y hasta aplaudir tales desmanes. Ya decía Maquiavelo que, después de vencer a tu enemigo, o le dabas unas condiciones de paz tan generosas que no tuviera motivo para odiarte, o lo ejecutabas. Si te quedabas a medio camino, si le causabas daño pero no lo destruías completamente, no estabas más que buscándote problemas futuros, y eso es exactamente lo que hizo Azaña con la derecha entre 1931 y 1936.

El PCE de Carrillo, pero sobre todo el PSOE de Suresnes, lo entendieron, respetando los símbolos y las formas tradicionales, no solo de la Nación sino también de la etiqueta, mientras callada pero continuadamente utilizaban el aparato y el presupuesto del Estado para atacar la sustancia misma de las bases ideológicas de la derecha. 

Todos recordamos cómo FG, que decía el gran Umbral, gustaba de decir “este país” en vez de “España”, pero la verdad es que sabía decir “España” cuando hacía falta, igual que sabía ir de traje cuando había que ir de traje. Felipe supo tener paciencia. Supo mantener los buenos modos mientras purgaba la enseñanza de profesores y contenidos no afines, o mientras los niños soportábamos a la Bruja Avería gritando “Viva el mal, viva el capital” en TVE, por ejemplo. Sean cuales fueren las intenciones últimas de Felipe, del modelo de España para el cual trabajaba, lo que es indudable es que siempre mantuvo las formas y encontró recompensada su actitud con millones de votos centristas que le permitieron cuasi perpetuarse en el poder y dar nombre a una época: el Felipismo; ahí es ná.

Pero la izquierda de ahora se ha olvidado de todo eso, ha perdido la paciencia y las formas y ha vuelto a cometer el error republicano de ofender y asustar a la derecha antes de haberla neutralizado. Porque la situación es exactamente la misma, por mucho que haya habido un baile de papeles y siglas. Ahora la izquierda radical ya no es el PSOE, ahora se llama Podemos, mientras que el propio PSOE ha tomado el papel de Azaña, es decir, la izquierda moderada que pretende usar a la radical como ariete contra la derecha. Al PSOE actual, al igual que a Azaña en su día, parece que le hacen mucha gracia las tropelías de la izquierda radical, y las condona con sus apoyos electorales y su aparato mediático, pero, como Azaña, está pagando un precio muy elevado por ello.

Hay millones de españoles que no están dispuestos a aceptar que un candidato a Presidente del Gobierno llame “cutre pachanga fachosa” al Himno Nacional, o que vaya a recibir al Rey en vaqueros, o que la alcaldesa de la segunda ciudad de España, dicho sea con todo el retintín del mundo, tanto lo de “segunda” como lo “de España”, organice procesiones que pasean un coño, con perdón, por la calle en nombre de “la laicidad”. Y lo mismo que no están dispuestos a votar a quien así se conduce, tampoco quieren votar a quien se lo permite con sus concejales. 

La generación actual de dirigentes izquierdistas –y no estoy pensando solo en Podemos sino en los cachorros del PSOE– como Beatriz Talegón o Eduardo Madina, se ha criado no en la acción sindical, como sus antecesores, sino en la universidad, concretamente en las facultades de letras, completamente dominadas por el discurso ideológico izquierdista, y se ha creído que la sociedad española se refleja en las fiestas de la Complutense. Pues no.

Los jóvenes españoles salen, efectivamente, muy politizados de esa universidad que Felipe ideologizó y que el PP, con su cobardía e ingenuidad habituales, no ha querido reformar, pero una vez pinchada esa burbuja ideológica, necesitan pagar sus facturas como todo el mundo. De acuerdo que el discurso anticapitalista, resulta muy atractivo para un joven que no encuentra el trabajo de tres mil euracos al mes que le habían prometido para cuando acabase su carrera de Periodismo en siete años y con un cinco y cuarto de media, pero, en realidad, nadie quiere acabar como Grecia. Es muy cierto también que ya no somos ni de lejos tan religiosos como éramos, pero muy poca gente quiere tener de concejal a una niñata pija que se dedica a asaltar capillas, que no mezquitas, medio en cueros. Y, en fin, supongo que el más prototípico progre antiespañol y anticristiano escucha con satisfacción los insultos que profiere Podemos contra la Reconquista, pero ni siquiera él es tan inconsciente de desear una reversión de la misma y tener que ponerse a rezar mirando a La Meca.

Los aprendices de Robespierre han pecado de impaciencia. Felipe les enseñó el camino, pero, con la arrogancia de la juventud y la inconsciencia de quien no ha conocido otra cosa más que la prosperidad y libertad actuales, pretenden quemar etapas a marchas forzadas y conseguir en cuatro años la transformación de la sociedad española que Felipe no pudo acabar en trece. 

Los ayuntamientos disfrutan de mucha visibilidad inmediata ante el ciudadano, pero, en realidad, tienen poco poder: su presupuesto es, comparativamente hablando, escaso, la Policía Municipal no tiene casi atribuciones y tampoco tienen las competencias educativas y judiciales, que tradicionalmente ha usado la izquierda para subvertir sociedades.  Sin embargo, para lo que sí han servido los ayuntamientos de Podemos es para que todos los españoles veamos lo que se puede esperar de Pablo iglesias en La Moncloa, y a muchos no nos ha gustado. Casi todos estamos más que hartos de Mariano, pero la alternativa es tan aterradora –y ha sido, por cierto, tan magnificada por el propio PP– que hemos elegido el mal menor.

Ya decía Marx, a quien me parece que todos estos cachorros rojos no han leído, que la Historia siempre se repite, la primera vez como tragedia, y la segunda como farsa. Azaña no quiso o no pudo dominar a sus radicales en 1936, acabó provocando un contraataque derechista y desencadenó una tragedia tanto para España como para él personalmente. Hoy, ochenta años más tarde, Pedro Sánchez tampoco ha querido meter en cintura a sus radicales, también ha provocado otro contraataque derechista y tampoco tocará Moncloa en su vida.  

Eso sí, y gracias a Dios, ahora nos toca la farsa, que ni Mariano es Franco ni Errejón es Largo Caballero. “Zin acritú”, que decía FG.

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[ Marcus48 ] ha dicho:
27-07-2016

Abundando en lo relatado por todos mis antecesores -incluyendo al autor del artículo-, ceo que no está de más traer este pequeños apuntes:

1.-La Segunda República, fue proclamada por los republicanos en el año 1931 sin haber ganado las elecciones, al tiempo que asaltaban el Poder

2.- El recuento de votos de las elecciones de febrero de 1936, elecciones tras las que el Frente Popular tomó el poder por la fuerza, fue el siguiente:

TOTAL DE VOTOS:………...  9.716.705
FRENTE POPULAR...........    4.430.322
DERECHAS .....................       4.511.031
CENTRO:……………………..  682.825
VOTOS EN BLANCO
Y OTROS:……………………..    91.641

Me he tomado la molestia de hacer la comprobaciones, la suma de votos es: 9.175.819 (un desfase de 886 votos que aunque se los adjudicáemos al "Frente Popular" no llegarían a los de las "Derechas")

Y es que aún quedamos españoles con verdadera Memoria Histórica. ¿Será porque nos hemos preocupado de indagar en qué pasó de verdad en esos años "gloriosos"?

Y si estoy equivocado, por favor, que alguien me saque del error. Gracias.

[ bg_rules ] ha dicho:
27-07-2016

Lo que a mí me resulta realmente asombroso es que una enorme cantidad de historiadores profesionales, catedráticos universitarios de supuesto prestigio, que se presentan como expertos de la cosa (Viñas, Aróstegui, Pecharromán, Preston...), tengan una posicón tan infantilmente maniquea y tan lamentablemente poco profesional sobre este asunto. Una de los argumentos que se utilizan es que la II República era una democracia, que fue destruida por los fascistas de Franco. Sin duda que semejante afirmación descubre intelectual, ideológica y políticamente a quienes la hacen, pues eso que ocurrió es el concepto que ellos efectivamente deben de tener de lo que se supone que es una democracia. 

La II República, para empezar, no llegó tras ganar unas elecciones, sino por incomparecencia de la alternativa. Yo, a esto que es un pequeño asunto de carácter técnico, no le doy importancia en sí mismo, puesto que bien se puede dar por bueno el advenimiento más o menos irregular del menos malo de los regímenes políticos si es que es eso lo que adviene. Lo que ocurre es que, desde el minuto cero, todo lo que oliera a monárquico, tradicional o eclesial fue arrinconado, por no hablar del nada irrelevante hecho (que, por cierto, ningún historiador pone en relevancia para mi pasmo) de que la asquerosa, sectaria y anticlerical constitución que se dio a sí misma esta "democracia" no fuera sometida a referéndum. Precisamente por ello, ese papel de unos contra otros impuesto con embudo terminó siendo el panfleto sectario y masónico de unos pocos respaldado sólo por ellos mismos. Esto explicaría (además de otros hechos, claro es) por qué en dos años la situación dio un pendulazo y los españoles mandaron al carajo a quienes les habían traido tanto progreso, tanta libertad, tanta tolerancia y tanta modernidad. Debió de ser que lo españoles, de tonto de capirote que eran, no se dieron cuenta de cuánto bien les habían traido los indalecios de turno.

Por cierto, el artículo, intachable.

[ wh ] ha dicho:
26-07-2016

Más que excelente, la entrada de ALMP es impecable: la descripción de la etapa histórica que estamos sufriendo, de tragi-comedia estomagante, escenificada por unos actores de ínfima categoría y escasa gracia a los que haríamos un tremendo favor si le calificásemos de payasos, es para salir a liarla a la calle día sí y día también.  ¿Por qué no lo hacemos? Pues sencillamente porque Hegel -al que Marx robó intelectualmente la idea- y el propio Carlitos, ese que siempre vivió como un burguesito a costa de de su amiguito Federiquito, no podían imaginar, ni en sus más dulces sueños, que el nivel de vida de la gran mayoría de las personas llegaría a las cotas que ha alcanzado el desarrollado mundo occidental y, lamentablemente, esa buena vida nos ha vuelto débiles, acomodados. Cosa de la que se aprovechan también, y  mucho, los hijos de puta que, hoy -pero esto seguirá ocurriendo cada vez con más frecuencia- han profanado una iglesia cristiana y han degollado a su párroco.

Lo que no entienden los millones de obtusos con derecho a voto es que, además, la tragicomedia puede acabar en extendida e igualitaria miseria: mirad con detenimiento hacia Venezuela.

[ NickAdams ] ha dicho:
26-07-2016

Excelente entrada de ALMP, un buen repasico a la historia que los rogelios no reconocerán jamás,  excelsos e imaginativos cuentistas siempre en su pertinaz afán embaucador.

Muy buena la reflexión sobre la utilización del extemismo podemita como ariete para romper las ya muy blandos muros de la derecha. 

En estos próximos años, que espero muy convulsos, tenemos el petardo añadido del yihadismo al que los blandos políticos que nos gobiernan no se atreven a atacar con la contundencia que merecen.