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LA MOVIOLA

Hace más años de los que uno quiere recordar, la entonces mejor televisión de España (“Butanito” dixit) contaba en su programación con un espacio de fútbol que se llamaba “Estudio Estadio”. Me puntualizarán ustedes vosotros que ese programa todavía existe y con el mismo nombre. Cierto, pero hay dos grandes diferencias: por un lado, Televisión Española ha dejado de ser la mejor, a fuer de la competencia (en realidad, todas son más malas que la carne del pescuezo) y, por otro, ya no existe la moviola. ¿Y qué es la moviola?, se preguntarán. Técnicamente, la moviola es una máquina usada en televisión y cinematografía que reproduce imagen y sonido y sirve para comprobar y rectificar el sincronismo de las operaciones de montaje. Dispone de una pequeña pantalla para visionar la imagen y permite desplazar la película hacia delante y hacia atrás, a distintas velocidades y pararla. Pero para todos aquellos que pertenecen a esa generación que veía los partidos de fútbol los domingos por la tarde en una tele en blanco y negro y comentados por Miguel Ors, la moviola es mucho más que un simple cachivache para montar películas. Fue la introducción en España de las nuevas tecnologías (de la época, claro) en el arbitraje, aun después de jugado el partido, y la posibilidad de que el aficionado revisara a cámara lenta las jugadas conflictivas del domingo. No, los sábados no había fútbol en aquella época. Se trabajaba.

Viene este retrospectivo prólogo a cuento del empleo del video durante el desarrollo de los partidos de fútbol del llamado Mundialito de clubes. La cosa tiene bemoles, por no decir algo más fuerte en horario infantil, que la chavalería está de vacaciones. Servidora, que es aficionada al deporte y seguidora (de aquella manera) de muchos de ellos, sabe que todos aquéllos que mueven ciertas cantidades de dinero emplean la tecnología para dilucidar en tiempo real, como dicen los cursis, una jugada discutible. Insisto: todos. Y desde hace una pila de años. De una u otra forma, los árbitros de fútbol americano, baloncesto NBA, hockey sobre hielo, béisbol, tenis o de incluso un deporte tan respetuoso con las tradiciones como el rugby, tienen a su disposición más elementos de juicio que el simple y desnudo ojo humano, aunque sean siete pares de ojos. En el caso del golf, se da además la circunstancia de que un simple aficionado que siga por su móvil un torneo desde el otro lado del planeta puede llamar y chivarse de que un jugador ha violado tal o cual regla. Que le pregunten a Dustin Johnson. Pero no, en el fútbol no. El deporte (o así) que más dinero maneja y que más dramáticamente influye en el ánimo de eso que se viene llamando “la gente” en todo el mundo, desdeña sistemática, impune y arteramente la garantía que ofrece una simple repetición. Escandaloso fue aquel gol fantasma de Lampard contra Alemania en el Mundial de Sudáfrica que vio todo el mundo por los videomarcadores diez segundos después. Solución de la FIFA: eliminar las repeticiones por los videomarcadores. Ojos que no ven, corazón que no siente. Hay que joderse.

Mas paren las airadas quejas y callen los lamentos impacientes, que el Gran Hermano tiene soluciones para todos los problemas. Bien entrados ya en el siglo XXI, la FIFA ha introducido elementos de alta gama para apoyar las decisiones arbitrales en el propio desarrollo de los partidos. Así, en todo el planeta fúrgol se emplea ya el spray para marcar la ubicación de las barreras en las faltas, el pinganillo (con perdón) que comunica a los trencillas entre sí o el mango (again) de los banderines de los jueces de línea, que hacen vibrar (joder, vaya día) una banda que porta el árbitro principal en el brazo. A pesar de estos pioneros y atrevidos avances, la solución última que ha dado definitiva tranquilidad al aficionado, directivo y plumilla por igual es el juez de gol. Consiste esta figura (nunca mejor dicho) del equipo arbitral en un ser humano vestido de la misma guisa que el resto de chufleteros y que se ubica en la línea de fondo, dotado de una cachiporra (se supone que también) vibradora. Su misión es corretear sobre dicha línea de un lado para otro sujetando la cachiporra y, cuando la pelota parece que merodea sus inmediaciones, agacharse como si tratara de zullarse, ventosear, peerse o, en una palabra, tirarse un cuesco. Terminada la acción, el tal árbitro, ya aliviado, torna a estirarse, adoptando de nuevo gallarda pose, con sus manos atrás y el gesto serio y profesional. De si la pelota entró, las infracciones y eso, mejor que se ocupe el trencilla principal.

Pero no todo son buenas noticias, no vayamos a creer. Parece que en el Mundialito de Japón se ha probado un sistema de repeticiones instantáneas con un despliegue de siete monitores y tres árbitros adicionales por partido, todo sea en aras de la pureza del resultado. Estos señores estaban ubicados en el mismo estadio o en una furgalla aparcada en las cercanías (Carmena mediante) y se ocuparon de analizar únicamente cuatro lances del juego: si es gol o no, si hay penalti o no, si el colegiado expulsa a un jugador que no es y si el árbitro amonesta con tarjeta amarilla al jugador equivocado. Llama la atención que la mitad de estos lances se refieran a lo que podríamos denominar “asuntos propios”, es decir, cuestiones, digamos, administrativas y fácilmente subsanables, no así el asunto de los goles y los penaltis. Y, oiga, ¿qué fue de los resultados de la prueba? Pues mire usted, mejor no hablar. Seguro que el amable y desocupado lector que lee esta humilde entraduca habrá oído en alguna ocasión eso de que uno quiere que pierda la farsa hasta en las repeticiones, ¿verdad? Bien, pues estos árbitros del videoarbitraje ¡se equivocaron en las repeticiones! Y no una ni dos veces, no. En estas condiciones, es muy difícil confiar. Y, por cierto, sepan ustedes que en la lista de doce países que van a probar el sistema de videoarbitraje en sus campeonatos domésticos durante los próximos dos años, España no aparece, por si alguien tenía alguna duda.

Qué tiempos aquellos de la artesanal moviola del bilbaíno Ortiz de Mendíbil, el catalán Miguel Ors y los cómicos movimientos de los jugadores que se caían y se levantaban como por arte de magia, que luego replicábamos en el patio del colegio saltando unos sobre otros. En aquellos programas, aprendimos lo que era el fuera de juego posicional, asimilamos que tocar el balón antes que al jugador contrario no es falta y comprendimos jugadas imposibles de analizar en vivo y en directo. Entendimos también que el arbitraje no es cosa fácil y que, a pesar de la cámara lenta, seguía habiendo opiniones diversas sobre decisiones que hay que tomar décimas de segundo. Sorprende que el concepto de moviola, aun con los recursos del siglo XXI, siga vivo y con buena salud. Lo que, lamentablemente, no sorprende es la ineptitud de quienes tienen que aplicarla y la desconfianza que ello genera. En eso, no hemos avanzado mucho.

Y que no se me olvide: que pasen sus mercedes una feliz Navidad y tengan un próspero y venturoso año 2017, en compañía de sus seres más queridos. ¡Hala Madrid!

COMENTARIOS [0]
[ pezuco ] ha dicho:
31-12-2016

 

Un servidor también está a favor de la aplicación de la tecnología en el fútbol, y creo que hace mucho tiempo que debería haberse realizado. Muchos años ha que contemplando un partido de tenis (siguiendo a Nadal, p. ej.), veo al jugador de turno solicitar el ojo de halcón para dilucidar si la pelotita botó dentro o fuera, in or out.

Y la clave la han dado los comentarios que me preceden, si aparece la tecnología, adiós al villarato, y eso son palabras mayores. ¿Alguien se imagina una competición limpia, donde los equipos tuvieran las mismas oportunidades?. Servidor no.

Y por otra parte, coincido con el blogger, creo que el experimento tecnológico del mundialito ha sido un intento de boicotar el asunto, que la gente piense que para qué tanta repetición, si se equivocan más que siguiendo las órdenes de Villar-Arminio.

 

P.D.Mis mejores deseos para los lectores de MqM, y que el 2017 les traiga lo mejor. ¡Hala Madrid!.

 

[ Salva ] ha dicho:
31-12-2016

Yo también estoy de acuerdo con el uso de la tecnología. Y no solamente con este tipo de avances, sino también con ir cambiando reglas de juego y demás cositas para mejorar el fútbol. Yo sigo la NBA y el fútbol. Y es increíble ver cómo el baloncesto en cada nueva década lo van perfeccionando mientras que el fútbol sigue igual que hace cincuenta años. En baloncesto, la línea de triple, la posesión de 24 segundos, el vídeoarbitraje, etc, todo eso ha ido surgiendo con el paso de los años, y ya se está hablando lo de subir más la altura de la canasta porque las nuevas generaciones de jugadores que van surgiendo les es más fácil llegar al mate.

Pero en fútbol al sistema no le interesa cambiar ya que han hecho de las trampas una profesión. Desde el minuto uno, el equipo local (jugadores, recogepelotas, etc) está maniobrando injustamente para ver dónde puede joder más al rival. Y lo de perder tiempo con los cambios (aquí da igual si uno es local o visitante) me supera. Yo propondría que solamente se pudieran hacer los cambios en el descanso y que no hubiese límite en el número de cambios. Y que cuando un tío se tirara al suelo dolororido se pare el reloj. Ir mejorando, no hay más.

Lo bueno es aquel al final aunque se tarde, el mundo avanza. El progreso se puede atrasar pero no se puede evitar.

[ bg_rules ] ha dicho:
31-12-2016

La FIFA parece tener miedo de perder el control, y por eso limita a la petición del árbitro la posible revisión de jugadas. Para empezar, lo que no se entiende es para qué se mete en estos berenjenales si quiere mantener el control sobre los partidos, porque si lo que realmente quieren es ayudarse de la tecnología para sancionar con más precisión, de entrada deberían permitir a los equipos solicitar esa revisión, como ocurre en el tenis, donde no depende de si el árbitro duda, sino del jugador correspondiente. Ponerle un límite de ocasiones para reclamar parece razonable, pero no lo parece que sea sólo el propio árbitro el que decida la consulta. Esto parece más bien un intento de seguir manteniendo el control, como decía antes. En cualquier caso, yo estoy absolutamente de acuerdo en utilizar esos medios tecnológicos. Respecto a que esto dejaría de ser fútbol, dos cosas: uno, lo dejaría tanto como el baloncesto deja de ser baloncesto, por ejemplo; dos, en realidad -admitámoslo-, el fútbol dejó de ser fútbol hace dos o tres décadas, convirtiéndose en un circo de dinero, marcas y vedettes, o sea que por ese lado tampoco íbamos a perder gran cosa. 

[ Galego49 ] ha dicho:
30-12-2016

Amigo Pailán, que recuerdos nos traes al repescar el tema de la Moviola, pero es mi opinión que las nuevas tecnologías en el fútbol van a tardar muchísimos años en incorporarse porque a los comedores y vividores de la Filfa no les interesa para así poder seguir manipulando y haciendo a su antojo, porque sinó no se entiende que se buscaran a los más inútiles para explotar el experimento en el mundialito de clubes.

[ wh ] ha dicho:
29-12-2016

El problema de este nuevo sistema de ayuda al arbitraje es que creo que son los árbitros los que deciden cuándo acuden a él. Creo que debía se como en el tennis y que los equipos tengan opción de elegir (limitadamente como en el tenis) cuando reclamarlo.

Que España sería de los últimos países en apuntarse al experimento lo teníamos claro pues la el monopolio Villar & Arminio perdería mucho poder de decisión. 

Por cierto, y cambiando radicalmente de asunto, DEP Debbie Reynolds, la inolvidable de "Banquete de bodas", "La conquista del oeste", "Los líos de Susana", "Empezó con un beso" y, sobre todas, "Cantando bajo la lluvia"

[ NickAdams ] ha dicho:
29-12-2016

¡Cómo se te echaba de menos, Pailán! Buen tema para cerrar el 2016 y, además, con el notición de que la España futbolera de Villar no se va a sumar en los próximos dos años al videoarbitraje, es decir, que los esbirros de Arminio seguirán campando a sus anchas. ¿Y qué razones exponen? Por falta de pasta no será, ¿no?